El 5 de noviembre de 1847 la Municipalidad de Santiago inicia la construcción del edificio que albergará el Matadero de Santiago entre las calles Franklin por el norte, Placer por el sur, San Francisco por el oriente y Arturo Prat por el poniente. La compra-venta de animales y su faenamiento generaba un movimiento constante de día y de noche. Este hecho sin duda remarco el carácter comercial y popular del sector creándose también infraestructura para la recreación y actividades culturales como el Teatro Franklin, El Cine San Miguel y la Plaza Magallanes, que concentraba la vida social de la época.
Así, en la primera década del siglo XX, el Barrio Matadero-Franklin se consolida como polo comercial y de abastecimiento de la zona sur de Santiago, donde se distribuían los productos al centro y sur de Chile.
En la actual intersección de las calles San Francisco y Placer, se ubicaba la estación de trenes San Diego, conocida popularmente como “Estación Matadero”, la cual formaba parte del Ramal Circunvalación. En el llegaban tanto pasajeros como mercancías y animales, manteniendo un gran movimiento y conectando las fábricas que existían en el antiguo cordón industrial de Santiago, especialmente de las barracas y metalúrgicas del sector.
Desde mediados de siglo, en el barrio comenzó la expansión de un antiguo rubro: el comercio ambulante. En respuesta a la crisis económica de 1929, la gente salió a calles a vender sus productos, originando el llamado ‘mercado persa’. Este fenómeno creció con el cierre del Matadero en la década de 1970 y con la crisis económica de 1982, llevando a la aparición de extensos galpones para el regateo. En los años ’90, fueron techados grandes patios que extendieron el mercado persa hasta San Diego, confirmándolo como uno de los centros comerciales más importantes de Santiago.

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