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martes, 26 de junio de 2012

El epicentro de cuero y calzado

El sector del Barrio Franklin es un polo comercial hace más de 130 años, y es aquí donde también se encuentra el epicentro del cuero y calzado, con el surgimiento de tiendas abocadas a ofertar al público con estos productos.
En el Barrio Franklin, por las calles Chiloé y Victoria, es donde hace más de tres décadas se instalaron artesanos y productores de zapatos, carteras e insumos de cuero.

En la primera avenida, hace más de 34 años, se emplazaron los talleres que maquilaban para la empresa Gilioli, que hacía las carteras, billeteras y maletines de cuero para la empresa Gucci en Chile. Partieron cinco fabricantes, Hernán Gutiérrez, Pedro Águila, David Hernández, Daniel Franco y Silvio Domínguez, los cuales en esa época les dieron trabajo aproximadamente a unas 120 personas.

En el año 1973, la compañía terminó todos los contratos y a los artesanos no les quedó otra alternativa que independizarse y vender directamente sus artículos. "Poco a poco arribaron otros comerciantes que hoy comprende 22 locales, que tienen una producción de 1.200 carteras de cueros mensuales, actualmente se está logrando hacer un barrio orientado a nuestro rubro, que es el cuero", indica Raúl Vásquez, uno de los empresarios del sector.

A pocas cuadras de distancia, de la calle Victoria, hay otro polo orientado a la venta de calzado e insumos para esa industria. Se gestó aproximadamente hace 35 años con la aparición de las primeras suelerías, a las que luego siguieron los locales que comercializaban insumos.

A fines de los años 90 algunos de estos comerciantes dieron un paso más allá y se diversificaron a la venta de calzado terminado, lo que se estima que en calle Victoria hay unas 40 tiendas.
Hoy el sector esta formado por curtidurías, fabricas de calzado y de marroquinería, y las diversas empresas que las proveen. Existen aproximadamente 2.000 unidades productivas, en su mayoría pequeñas y artesanales, que generan alrededor de 10.000 puestos de trabajo.

¿A qué se dedica?


El 5 de noviembre de 1847 la Municipalidad de Santiago inicia la construcción del edificio que albergará el Matadero de Santiago entre las calles Franklin por el norte, Placer por el sur, San Francisco por el oriente y Arturo Prat por el poniente. La compra-venta de animales y su faenamiento generaba un movimiento constante de día y de noche. Este hecho sin duda remarco el carácter comercial y popular del sector creándose también infraestructura para la recreación y actividades culturales como el Teatro Franklin, El Cine San Miguel y la Plaza Magallanes, que concentraba la vida social de la época. 

Así, en la primera década del siglo XX, el Barrio Matadero-Franklin se consolida como polo comercial y de abastecimiento de la zona sur de Santiago, donde se distribuían los productos al centro y sur de Chile.

En la actual intersección de las calles San Francisco y Placer, se ubicaba la estación de trenes San Diego, conocida popularmente como “Estación Matadero”, la cual formaba parte del Ramal Circunvalación. En el llegaban tanto pasajeros como mercancías y animales, manteniendo un gran movimiento y conectando las fábricas que existían en el antiguo cordón industrial de Santiago, especialmente de las barracas y metalúrgicas del sector.

        Desde mediados de siglo, en el barrio comenzó la expansión de un antiguo rubro: el             comercio ambulante. En respuesta a la crisis económica de 1929la gente salió a calles  a   vender sus productos, originando el llamado ‘mercado persa’. Este fenómeno creció con el cierre del Matadero en la década de 1970 y con la crisis económica de 1982, llevando a la aparición de extensos galpones para el regateo. En los años ’90, fueron techados grandes patios que extendieron el mercado persa hasta San Diego, confirmándolo como uno de los centros comerciales más importantes de Santiago.